Aprende a gestionar las rabietas con Crianza Respetuosa

74f89321ea_1487542912209

Hemos hablado en un artículo anterior sobre las causas de las rabietas. Entendiéndolas, será más sencillo gestionarlas.

Hacia los dos años y a veces hasta los cinco es normal que los niños tengan berrinches o que pasen por una etapa negativa en la que, a todo lo que les pedimos o les sugerimos, se nieguen vehementemente. Y, por supuesto, puede resultar desesperante.

Y lo es sobre todo si nosotros no estamos centrados y relajados para la crianza. Falta de tiempo, preocupaciones, jornadas agotadoras, inexistencia de una red de apoyo, desavenencias sobre la crianza con la pareja o los familiares, todo eso influye en nosotros y hace especialmente complicada esta etapa, que, por otro lado es normal y puede ser normal en diferentes versiones.

La etapa del NO y las rabietas no significa que estéis malcriando a vuestro hijo, ni que os esté retando.

Es una etapa normal en su desarrollo y su intensidad y duración dependerá de muchos factores, pero sobre todo de tres: el propio niño, el ambiente y vuestra forma de reaccionar.

El propio niño

No todos los niños son iguales, como no lo somos todos los adultos. Una de las circunstancias que más influye en la duración e intensidad de las rabietas es la maduración del niño, tanto emocional como cognitiva y lingüística. Un niño que entiende bien lo que le decimos, es capaz de empatizar con nosotros y comprendernos y puede expresarse bien tendrá menos posibilidades de caer en rabietas de manejo complicado. Pero como todo, no hay fórmula exacta, pues lo que más influye es la propia personalidad del niño.

Estando atentos a que no exista un problema real, debemos entender que esta etapa forma parte de su proceso normal de maduración. El niño ha descubierto que es una persona independiente y que además, es capaz de desarrollar acciones elegidas por él y debe ejercitar su voluntad. Esto puede sobrepasarlo y, a veces, conducirlo a que se niegue a cosas tan normales como lavarse las manos o meterse en el baño, ponerse la ropa o sentarse para comer.

Mi consejo es ser muy flexibles. Muchas de las cosas que exigimos que los niños hagan y que hagan en el momento que nosotros decidimos pueden ser demoradas o negociadas. Juguemos con eso, dejándoles tomar decisiones en lo que sea posible, reorganizándonos si hay conflicto y teniendo muy claras las razones para lo que consideramos no negociable.

Cuanta más autonomía dejemos al niño cuando la pida mejor podrá ceder cuando llegue una situación en la que no podamos dejarles decidir. Con autonomía no me refiero a presionarlos para que hagan las cosas solos si no están preparados, sino a que les permitamos decidir en lo que no es de inmediata e indispensable realización.

El niño necesita crecer en madurez, ejercitar su voluntad. Pensemos las pocas cosas que pueden decidir ellos: toda su vida está regida por la autoridad del adulto, escuchan tantos “NO”, tantos “espera”, tantos “haz esto” que merecen su espacio y su tiempo para desarrollarse como personas conscientes de ellas mismas.

Observemos el entorno emocional del niño

Otras causas que influyen en que el niño tenga una especial actitud negativa o no pueda manejar sus enfados o miedos son sus propias vivencias: una mala adaptación a la escuela infantil, problemas con un compañero o con la cuidadora, la llegada de un hermanito o una situación poco armónica en la propia familia les afectarán.

Nuestro papel, cuando detectamos una actitud especialmente conflictiva, es el de analizar el entorno emocional del niño para poder darnos cuenta de que puede estar desequilibrándolo y haciendo que saque su tensión en las rabietas. Y, por supuesto, solucionarlo en lo posible.

Cuanto más pequeños sean, además, más percibirán del estado emocional de su madre, de las cosas que no llega ella misma a enfrentar de su pasado o de su presente, y eso repercutirá en la estabilidad del niño. Sin culpabilizarnos, pero entendiendo que muchas de nuestras tensiones o miedos se reflejan en ellos.

La forma en la que reaccionamos

Cuanto peor reaccionemos, cuanto más perdamos los nervios o nos enfademos, cuanto más tratemos de imponerles silencio y obediencia peor se solucionará esta etapa. Va a ser fundamental la forma en la que reaccionemos para lograr que el niño pueda sentirse seguro y confiado en su maduración.

La flexibilidad en las normas es fundamental. Hay que saber qué es indispensable y que puede ser optativo. Tenemos que analizar cuantas veces al día les mandamos cosas o les negamos algo, y rectificar si estamos siendo demasiado rígidos.

Hay que ser capaces de entender que el niño tiene necesidades: jugar, saltar, descansar, comer cuando tiene hambre y no comer si no la tiene, respetar sus gustos y su personalidad. Eso no quiere decir que en todo deban hacerse lo que el niño quiere, pero si definir bien si nuestra forma de organización del tiempo y las actividades es la que el niño necesita para crecer de forma armónica.

No existe una receta infalible contra los berrinches, pero si hay una que casi, casi, podemos decir que lo es: el amor, la empatía, el respeto, el autocontrol y la paciencia.

Las rabietas y el “NO” pasarán. Si somos conscientes que es una etapa necesaria para su maduración como personas, que solamente están aprendiendo que pueden tener deseos propios, que sus emociones les sobrepasan y tienen miedo de sus reacciones y de las nuestras, podremos manejar los berrinches de forma mucho más sencilla de lo que pensamos.

Mireia Long

Si necesitas más ayuda con las rabietas de tu hijo, el curso especializado en este tema que ofrecemos te va a ser de gran utilidad para solucionarlas, gestionarlas y estar mucho más tranquila en este proceso.

 

CRIANZA RESPETUOSA CON LA PEDAGOGÍA BLANCA

 

Las causas de las rabietas y como entenderlas con Crianza Respetuosa

74f89321ea_1487542308839

La mayoría de los niños tienen rabietas, aunque su duración, intensidad y edad pueden variar enormemente dependiendo de su carácter personal, el entorno y la actitud de los padres. No hay una receta perfecta, pues, como os digo, verse sobrepasados por las emociones o los deseos insatisfechos es algo normal, pero si podemos educarnos para ayudarnos a enfrentar los berrinches y suavizar el paso de nuestros hijos por ellos.

No vamos a poder eliminar las rabietas. Quede esto claro desde el principio. Y es que no sería normal ni sano hacerlo. Partamos de entender que los berrinches son una expresión natural de la emocionalidad del niño y de su evolución. Y sobre todo, tenemos que aprender a gestionarlas, para evitar que el niño se queden atrapado en este tipo de comportamiento a edades más avanzadas. No hay que reprimir, pero tampoco ceder por miedo a ellas si estamos seguros de que aquello que pide no es conveniente (aunque este tema sería necesario desarrollarlo más profundamente y lo haremos en el futuro).

Las rabietas o berrinches de los niños son un síntoma más que un problema. Para estar preparados nos va a ayudar mucho el comprenderlas. De este modo podemos pasar por ellas sin perder los nervios y podemos, incluso, prevenirlas o suavizarlas.

Causas de los berrinches

Las razones por las que un niño puede tener un berrinche son fundamentalmente tres:

Necesidades físicas

Cuando el niño tiene una fuerte necesidad de tipo físico es normal que pierda los nervios. Nosotros mismos, adultos, nos ponemos de mal humor y hasta explotamos si estamos agotados o hambrientos, por tanto, más lógico es entender que un niño, con necesidades más imperiosas y menor contra emocional, lo haga.

El niño tiene una necesidad fuerte de tipo físico: hambre, sed, sueño, cansancio, agotamiento mental y explota con facilidad.

Lo que deberíamos hacer es ser capaces de prevenir estas situaciones, entendiendo que los niños sufren más por estas necesidades y las sienten antes que nosotros. No dejando que el niño llegue a sobrepasarse exigiéndole demasiado vamos a prevenir muchas rabietas, que, más que lo que parezca que expresan, son la muestra de una fuerte incomodidad física.

Incomprensión

También puede suceder que el niño, todavía inmaduro y en proceso de aprendizaje, no comprenda bien las consecuencias de sus acciones o lo imposible de sus demandas.

Desde pegarle a un hermano, enfadarse si no le compramos algo o no querer atarse en el coche. Normalmente, si no está sobrepasado pro el cansancio o la sobrecarga emocional, el niño puede entender muchas de nuestras explicaciones.

Incluso, si no demuestra entenderlo en el momento y sigue con la rabieta, no dudemos que nada es mejor para él que comprensión, explicaciones y contención. Hay que explicarles siempre, en la medida que puedan comprender, las razones de nuestras peticiones, decisiones o límites. Huyamos del “porque yo lo mando y punto”.

Tensiones acumuladas

Los niños se enfrentan a un mundo nuevo, desconocido y, a veces, atemorizante o desestabilizador. A veces llorar es una forma de descargar tensiones acumuladas.

El ingreso en la guardería, el embarazo de la madre o la llegada del hermanito, los problemas económicos o emocionales de sus padres, un fallecimiento o una discusión conyugal, una palabra desconsiderada, un sueño aterrador, un amiguito que les ha hecho daño… todo eso puede parecernos nimio en su universo, pero, sea algo que perciben sin entender o sea algo que les afecta directamente, pueden verse sobrepasados por la tensión, el miedo o la frustración.

Incluso puede ser, sencillamente, que estén nerviosos por las emociones nuevas y los descubrimientos, desde comprender que son personas independientes con voluntad propia, hasta aprender a correr o devanarse los sesos ante un problema científico como la gravedad. El mundo es nuevo, apasionante y lleno de retos para ellos.

Toda esa tensión acumulada explota y el niño necesita dejar salir esos sentimientos llorando o rabiando. ¿No os pasa a vosotros a veces que explotáis por algo que no tiene nada que ver con lo que os preocupa o necesitáis llorar para descargar emociones?

Pensemos que el autocontrol es pequeño y están inmersos en un mundo que cada día los pone en situaciones nuevas que les pueden causar preocupación o asustarlos. Necesitan dejarlo salir y nosotros, en esos casos, podemos acompañarlos sin juzgar ni invadir, solamente estando presentes para cuando necesiten un abrazo.

Mireia Long

Seguiremos mañana hablando de este tema, pero os adelanto que si necesitáis ayuda para gestionar las rabiestas, poner límites de manera respetuosa o controlar vuestro propio desborde, tenemos el curso que necesitáis.

CRIANZA RESPETUOSA CON LA PEDAGOGÍA BLANCA

6 cosas que debes enseñarle a amar a tus hijos

crianza respetuosa(4)

Descarga este cartel en pdf imprimible aqui: 6 cosas que debes enseñarle a amar a tus hijos

Recuerda siempre que para amar, hay que saber amar bien, y eso se lo vas a enseñar tú.

Todos nacemos para ser abrazados, amados.Los niños, al llegar al mundo, no esperan otra cosa.Algo se rompe cuando les negamos el cuerpo.Y luego seguimos buscando el paraíso perdido.Añadir

Si quieres aprender a amar bien, y a enseñar a amar a tus hijos, apúntate a nuestro curso on line Crianza Respetuosa en el siguiente enlace:

Crianza Respetuosa con la Pedagogía Blanca

5 consejos que ayudan a tu hijo a afrontar los retos

crianza respetuosa(3)

Descarga aqui este cartel en pdf imprimible: 5 consejos que preparan a tu hijo para afrontar los retos

 

Y si quieres más ayuda para preparar a tus hijos a afrontar los retos de la vida, apúntate a nuestro curso online de Crianza Respetuosa aqui:

Crianza Respetuosa con la Pedagogía Blanca